"8 Poetas" (1979)
| Porcentaje de mujeres | 88% |
| Relevancia de paratextos | 60% |
| Desarrollo Biografías de antologados(as) | 80% |
| Presencia Imaginario de Valparaíso | 80% |
| Respaldo institucional | 100% |
| Elementos de registro formal del libro | 85% |
Reseña
Este libro titulado 8 poetas reúne trabajos de miembros de la Sociedad de Escritores de Valparaíso. Según se constata y también se indica en el prólogo “Dos palabras” (anónimo), reúne “diversas tendencias. Diversos modos de entender el fenómeno poético. Diversos modos de expresión” (p. 4). Además, se indica explícitamente que no se trataría de una antología. “Tampoco de una selección de lo mejor de cada uno” (p. 5). Si no, y esto lo anuncia con claridad, consiste en una “obra colectiva” que pretende mantener una “vieja tradición en la ciudad” (p. 4), de forma que la obra fue pensada como parte de una comunidad que tiene sus organizaciones representantes que mantienen un compromiso comunicativo, característica que reafirma la idea de una ciudad siempre vinculada a la literatura a través de la presencia y actividad creativa de escritores y poetas.
Desde aquel prólogo se hace hincapié en esta idea sobre la comunicación, en un contexto donde ciertamente y por aquellos años la libertad de expresión estaba coartada y los medios de comunicación seguían el ideario de la Junta Militar. Puede que esta condición tácita en el paratexto sea la razón de fondo por la que se afirma sin mayores argumentos y de manera insistente que los(as) poetas “escriben para publicar” y se apela a que “el destino natural de la palabra es la comunicación” (p. 4).
De los 8 autores incluidos, 7 son mujeres. Situación anómala que podría entenderse también, considerando, por ejemplo, que en las arpilleras confeccionadas en la época el retrato de la ciudad generalmente carece de hombres, posiblemente privados de libertad o, incluso como ya se sabe, exiliados y/o desaparecidos. Son varios los elementos que permitirían desde esa óptica contextualizada hacer una lectura bajo pliegue de aquellas palabras iniciales, como cuando se expone “Se trata también de romper el silencio a [sic] que los poetas están condenados en nuestro tiempo por múltiples razones que al lector no se le escapan” (p. 5), donde se estaría apelando a la regularizada (censurada) forma de publicar por aquel entonces, esta idea permitiría comprender que más que solamente un ejercicio comunicativo o de seguir una tradición se estaría asumiendo un compromiso con la memoria, en este caso, desde la poesía y la actividad intelectual.
Además del prólogo, la estructura del libro considera breves biografías que dan cuenta de lugares de nacimiento, especialización y de obras publicadas. Entre las autoras destacadas, con una presencia constante en muchas de las antologías estudiadas publicadas por la Sociedad de Escritores de Valparaíso, se encuentra Frida Pohl-Montt (Valparaíso, 1930-Valparaíso 1988). “Soy una antorcha encendida que muere en la noche callada” (p. 32) expresa en el poema “Autorretrato” reflejando una presencia perenne que necesita de otras voces para poder seguir encendida.
Algo similar ocurre con el discurso lírico de Sarah Herrera (Talcahuano, 1922) cuando expone “En esta soledad de mis quimeras / no escucho voces que a mi voz respondan, / y en el paisaje soy como una alondra / que oculta su plumaje entre la hiedra” (p. 10). Efectivamente, así como lo expone Naín Nómez en “La poesía chilena: Representaciones de terror y fragmentación del sujeto en los primeros años de dictadura” (2008), en los discursos de este periodo hay una nostalgia por el paraíso perdido. Si bien estos poemas carecen de una actitud contestaria, proponen una escritura que expone afectos y carencias. En este caso, estos elementos se representan a través de la imagen de una noche callada y un lugar donde no se escuchan voces, respectivamente.
Estas imágenes revelan no solo un paisaje de signos que develan ausencias, sino además, la condición de sujetos que resisten una crisis social y una impotencia política, donde la desolación es previsible y la poesía emerge como la única forma posible de expresión para el advenimiento de la calma.