Antología "Poetas porteños" (1968)

Porcentaje de mujeres 29%
Relevancia de paratextos 80%
Biografías desarrolladas 100%
Imaginario de Valparaíso 100%
Respaldo institucional 100%
Registro formal del libro 90%

Reseña

Poetas porteños: Antología, de Luis Fuentealba Lagos, es la piedra angular de este estudio por su consolidación a lo largo de las décadas y por ser reflejo de un campo literario con objetivos definidos para preservar el imaginario urbano de Valparaíso y mantenerlo como epicentro de la creatividad y el entorno cosmopolita testigo de las transformaciones sociales.

La selección está desde el principio marcada por una pretensión espiritualista de la actividad literaria, incluso en el prólogo se habla del “sagrado fuego de la poesía”, lo que fuerza de algún modo a asumir una “ausencia de espíritu crítico” como condición para conectarse con su objeto. Como consecuencia, se puede plantear como hipótesis que el antologador se ha concentrado en las agrupaciones literarias locales en que resulta natural hallar su objeto de selección. Ciertos índices parecen indicar que el antologador asume, en general, el entorno de autores de Valparaíso desde esta adscripción en colectivos. La pretendida “ausencia de espíritu crítico” tiene como consecuencia el centro sobre autores, no sobre escrituras. Esto convierte a la antología en una selección de textos, tanto publicados como inéditos (estos últimos en una mayoría abrumadora). En la página 13, en el prólogo, sabemos que la colaboración fue solicitada, y que la demanda de esta respondía a los autores ya conocidos por el antologador, y por esto la palabra recopilador se hace crucial para comprender el rol en que él mismo se ve. Asimismo, varios índices nos van confirmando que la “ausencia de espíritu crítico” -más que un trabajo de investigación de algún modo inconcluso y constreñido por plazos de publicación- puede asumirse como un recurso de defensa ante las excepciones que el mismo antologador reconoce (pero que no menciona). La misma motivación parece dictar el orden rigurosamente alfabético según apellido paterno, así como la inclusión de fragmentos críticos de otros autores a la hora de complementar los juicios del antologador, quien evita extenderse demasiado en la caracterización de los textos. El enfoque sobre autores y no escrituras se confirma bien ya partiendo por Manuel Astica, quien no tiene un libro de poesía publicado a la fecha, y cuya reseña -como la gran mayoría de las del libro abunda en un acento confesado sobre lo biográfico: Se nos escapan muchas referencias que amplían la múltiple personalidad de Manuel Astica Fuentes. No es posible recordarlas ni tenerlas todas sobre nuestra mesa de trabajo. Basta pensar que él, en sí, es un personaje digno de un estudio por separado, etc. Los poemas de la selección, por otro lado, pertenecen a un libro inédito. Lo dicho es aun más marcado en Astrid Henríquez, autora totalmente inédita, en cuya reseña se subraya que aún no logra un camino definitivo, una personal voz poética, y a quien se le presenta premunidos del deseo de estimular a una joven poetisa porteña.

Aparte de los dos ya mencionados, corresponde mencionar que tampoco poseen obra poética publicada en libro individual, Carlos Hermosilla, Catalina Iglesias, Frida Pohl, Eduardo Robles ni Sonia Ugarte. Vale decir, siete autores dentro de un universo de dieciocho. Esto nos revela un ámbito en que la difusión en revistas y la lectura en tertulias tienen aún un primer plano, así como la presencia de agrupaciones de escritores que ejercen una función de validación a los ojos del antologador: la mención de la participación de los autores en estas agrupaciones es destacada particularmente en las reseñas.

Los autores seleccionados son destacados desde su actividad como escritores, y no como lectores públicos: la noción de literatura manejada en la obra es de esta predominantemente como escritura, y ya no como práctica discursiva oral (este hecho no es menor considerando la difusión de poetas oradores notorios, previo a los años 1960). Asimismo, se da como obvio que más allá de que en las reseñas se inscriba, en general, la actividad de los autores en los diversos ámbitos del circuito literario formal, la noción de la literatura que se impone es la de una práctica independiente de su ámbito de difusión. El ámbito de acción en la ciudad de Valparaíso define bien y cerradamente a la selección de autores, y su residencia o acción laboral en Viña del Mar es incluso puesta en un ámbito secundario. Hay que señalar, además, la abrumadora presencia de la ciudad de Valparaíso en el imaginario de los textos seleccionados, aunque dado que los textos son solicitados por el antologador, no se podría desechar que este carácter fuese intencionado ya desde ahí.

Del soneto “Raíz” citamos algunos versos de Patricia Tejeda, que por esos años había publicado Algo para romper (1960):

“Yo con el día súbito en la cara.
sin saber hacia dónde me levanto,
ella desnuda por su noche medra,

de una sombra cabal que vuelve clara;
yo por el día hasta encontrar el canto,
ella debajo hasta horadar la piedra”. (p. 110)

Ennio Moltedo, como se ha dicho, también está presente en esta recopilación, y por entonces contaba con tres relevantes publicaciones a su haber, Cuidadores (1959), Nunca (1962) y Concreto azul (1967). De su poema “Límite” leemos con atención: “He aquí un simple tubo rojo o la baranda junto al mar. A tus espaldas el camino suave, limpio por la brisa de los vehículos; más atrás el sendero, la cortina de los árboles oscuros, la última guardia de flores, quizás la vida” (p. 135-136). O también:

“Podría yo contar ahora la cantidad de tus trabajos, la valía de tus horas, también el lugar de los encuentros; pero ninguna como tú a la orilla de la mar, viendo pasar los algodones y escuchando silbar el viento por sus finos tubos” (Moltedo, “Eterna”, p. 136).